El escaño 82: febrero puede esperar

Enero suele ser un mes amable para un parlamentario. Mientras la ciudadanía sube el repecho que dejan los gastos navideños pedaleando en el curro, sus señorías transitan al ralentí, con un calendario laboral que declara el mes ‘inhábil’ para el trabajo político y cierra salas de comisiones y hemiciclos hasta febrero.

Un mes que pasa como sin querer para el colectivo del escaño en un año normal, perturbado en esta ocasión por la investidura de Pedro Sánchez y la formación de Gobierno. Salvo por esa anomalía, la calma chicha ha vuelto a una agenda parlamentaria que cobra vida de septiembre a diciembre y de febrero a junio, con años de nueve meses ‘hábiles’ y tres ‘inhábiles’.

Así se recoge en los reglamentos que elaboran, reforman y aprueban los propios diputados, senadores o procuradores. Son sus reglas de funcionamiento. Lástima que la vida no entienda de liturgias parlamentarias y el calendario vigente para los problemas de los ciudadanos incluya los 365 días del año. Sus señorías dejaron 398 asuntos en cola de debate cuando el 23 de diciembre se celebró la última comisión ordinaria en las Cortes.

Esa cifra no mejorará a partir de febrero. Es crecedera. A medida que se presentan iniciativas, la carpeta de pendientes aumenta. Los datos de la legislatura pasada arrojaron que se necesitarían tres Cortes como las actuales, trabajando a ritmo nipón, para terminar con el atasco endémico tras cada periodo de sesiones.

Hacer efectivos los meses inhábiles no es solución, pero tampoco ayuda que no lo sean. El hecho de que un procurador plasme la necesidad de un centro de salud, las deficiencias de un abastecimiento o la falta de médico de cabecera en una iniciativa parlamentaria puede no ser un paso decisivo hacia su posible solución.

Primero tiene que debatirse, luego aprobarse y después, que la Administración aludida, la Junta en la mayoría de los casos, aplique lo votado. En un mundo razonable ese sería el camino y la ciudadanía identificaría como propias y valiosas a instituciones que dan soluciones. No siempre es el caso.

Sirva de ejemplo la carretera que lleva a Porto de Sanabria, municipio de montaña, lindero con Orense, a 175 kilómetros de Zamora capital. Las Cortes instaron a la Junta en 1996 a firmar un convenio con Galicia para arreglar la conexión entre Porto y la A-52, muy deficiente ya entonces. Hubo dos proyectos (uno de 11 millones para ensanchar y quitar curvas), entró en varios planes, generó más iniciativas y preguntas parlamentarias, una campaña de quejas al Procurador del Común e incluso motivó una solicitud de anexión a Galicia de unos vecinos cansados de promesas incumplidas y de soportar baches. Un Brexit a la sanabresa.

Están arreglando la carretera ahora, 23 años después, con un proyecto más descafeinado, que no da para ampliar el ancho y mantiene cada revuelta. A eso me refiero cuando aconsejo desconfiar si un procurador le promete una ‘pnl’ (proposición no de ley) para solucionarle la vida. Incluso si se aprueba, que será a partir de febrero. En enero, cero estrés. Cuestiones puntuales. Puesta en marcha de comisiones de investigación, comparecencias del presidente del Consejo de Cuentas… Sin forzar. Con 398 asuntos pendientes en cola. Y lo de las Cortes vale para el Congreso y el Senado.

Fuente:
https://www.elnortedecastilla.es/castillayleon/escano-febrero-puede-20200125211531-nt.html

 

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