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FLORA Y FAUNA

FLORA

La razón de tanta diversidad está en su situación geográfica. En estas montañas se establece el límite entre el clima mediterráneo y el atlántico y según su orientación vemos la influencia de uno u otro. En los valles y laderas que miran al norte y oeste predomina el clima atlántico y en las que miran al sur y este, el mediterráneo.

Al ser un espacio marcado por el agua, con gran abundancia de arroyos, manantiales y zonas encharcadas, también podemos observar una rica flora acuática. Destacan las turberas (impropias a tan baja altitud), masas de musgos (Sphagnum) que pueden alcanzar varios metros de espesor y que al retener el agua contribuyen al mantenimiento del caudal de los arroyos en verano. Estas turberas tienen una flora característica, la planta carnívora Drosera (aquí llamada “atrapamoscas”).

El roble (quercus pyrenaica), aquí llamado “carballo, “rebollo” o “carrasco” según su tamaño, es un gran protagonista de nuestra comarca. Podemos encontrarlo a una altitud menor de los 1.500 m. Se adapta muy bien al frío y es capaz de soportar largos periodos sin agua. Abunda al sur del Lago de Sanabria y en menor proporción en las laderas de la Sierra Segundera, Cárdena y cañones del Tera. Pese a las continuas talas y quemas ha sobrevivido debido a su extraordinaria habilidad par rebrotar de la cepa o raíz. Ha sido desde siempre parte importante de la economía doméstica sanabresa ya que se utiliza tanto para la leña como para las estructuras de una gran parte de las casas.

Entre las especies de bosque bajo y matorral destacan las “escobas”, que frecuentemente sustituyen al roble en zonas abrigadas cuando éste se encuentra degradado y con un uso tradicional que se puede adivinar por su nombre. Gran número de plantas medicinales como “dedales” (digital), aromáticas como orégano, romero y lavanda o las “salgueiras”, negras o blancas, que encontraremos en zonas húmedas y se utilizan para sacar el mimbre de los característicos cestos.

También destaca el acebo, planta protegida por el medio ambiente y de gran valor ecológico, con dos amplios bosques el Acebral do Grañeiro y Acebral das meadas, en estos bosques la fauna y el ganado encuentran dentro un lugar ideal donde cobijarse ya que copa de estos árboles es muy ramosa y espesa y en su interior la temperatura varia hasta unos 5 grados con la del exterior, siendo más cálida en invierno y más fresca en verano.

En primavera y otoño los bosques de la comarca se llenan de setas. Aunque el rey de las especies comestibles es el boletus, podemos encontrar también huevos de rey, trompetas de los muertos, colmenillas… y los aquí llamados “cocogordos” (macrolepiota procera).

Debido a la sobreexplotación de algunas áreas muchos municipios tienen restricciones que debemos consultar antes de adentrarnos en los montes. Nunca debemos recoger especies que no conozcamos ya que encontraremos también algunas muy llamativas, pero no comestibles, como la Amanita Muscaria (las casas de los gnomos de los cuentos) o los “pedos de lobo”. Y si recogemos algún ejemplar siempre cortado con navaja y transportado en cestas de mimbre para permitir que se propaguen las esporas.

Cocogordo (Macrolepiota procera)

FAUNA

Aunque con menos diversidad que la flora, uno de los encantos de Porto es su fauna, donde conviven 190 especies de vertebrados. En el agua la protagonista absoluta es la trucha, en tierra nos sorprenderá encontrarnos en nuestros paseos con el ciervo, el jabalí o el zorro y desde el aire nos vigilarán las aves rapaces.

Los numerosos cursos de agua que recorren estas tierras son el hábitat de varias especies de peces. Destaca la presencia de la trucha, muy apreciada en la pesca deportiva, tanto en su variedad común como asalmonada. Ilustres personajes como Felipe II o Alfonso XIII, en sus viajes por la comarca, pudieron degustarlos y su fama se cita ya en legajos del siglo X. En el lago puede alcanzar grandes dimensiones y su carne, en tono rosado, es muy apreciada.

Toda la comarca resulta muy adecuada para la existencia y desarrollo de anfibios, conformando un área de especial relevancia en la península. En sus arroyos, lagunas, fuentes y pilones encontraremos una docena de especies: el sapillo pintojo ibérico, el sapo partero común, la rana común, la rana patilarga, la ranita de San Antonio, el tritón jaspeado o la salamandra común. Todas estas especies están protegidas, a pesar de lo cual sus poblaciones siguen descendiendo de forma alarmante. Entre los reptiles destacan dos especies de víbora, las víboras norteña y hocicuda, que juegan un papel importante a la hora de controlar las poblaciones de pequeños mamíferos.

Entre los mamíferos de mayor tamaño encontraremos al corzo, el más pequeño cérvido español, que es habitual ver asomado en la orilla de las carreteras cuando apenas hay luz (por lo que hay que extremar las precauciones), también especies como la nutria, la marta, el armiño, la garduña o el tejón. El jabalí o el gato montés pueblan también nuestros montes, pero los mayores miedos los provoca el lobo, protagonista de cuentos y leyendas. Actualmente podemos observarlo y conocer su biología en el Centro del Lobo (Robledo de Sanabria) espacio de referencia autonómico para la recuperación de lobos salvajes heridos, enfermos y/o decomisados por la Administración.

Porto, con su pintoresco paisaje, se presenta como una tierra de pastoreo que ha sido testigo de la vida pastoral a lo largo de los años. En sus extensas llanuras y colinas, es común avistar rebaños de ovejas que antaño eran una parte fundamental de la economía local. No obstante, con el tiempo, la tradición pastoril ha experimentado un cambio significativo. Aunque en el pasado Porto albergaba numerosos pastores y sus rebaños de ovejas, en la actualidad esta imagen ha evolucionado.

Las ovejas, que alguna vez poblaban los campos en grandes cantidades, han disminuido en número. Los antiguos pastores, que desempeñaban un papel vital en la vida de Porto, han ido desapareciendo, llevándose consigo las prácticas pastoriles que definían la región. No obstante, este cambio no ha dejado completamente desprovista a Porto de su rica tradición ganadera.

En la actualidad, las colinas aún son animadas por la presencia de rebaños de vacas alistano-sanabresas. Estas vacas, autóctonas de la región, han resistido el paso del tiempo y continúan siendo una parte integral del paisaje. Su presencia no solo destaca la resistencia de la ganadería en Porto, sino también la adaptabilidad de la región a las transformaciones.

Además de las vacas, otro elemento distintivo es la presencia de manadas de caballos salvajes. Estos majestuosos animales pastorean a su aire, otorgando un aire de libertad a los vastos campos de Porto. A diferencia de las ovejas que solían ser cuidadas de cerca por los pastores, los caballos salvajes representan una conexión más primitiva con la naturaleza, simbolizando la persistencia de la vida salvaje en este entorno rural.

En resumen, aunque la presencia de ovejas y pastores haya disminuido en Porto, la tierra de pastoreo sigue siendo un elemento distintivo de la región. Las vacas alistano-sanabresas y los caballos salvajes mantienen viva la tradición ganadera de Porto, ofreciendo un vistazo a la rica historia y evolución de esta hermosa tierra.

Sobrevuelan el Parque Natural 142 especies de aves, al ser Zona de Especial Protección para la Aves, posee varias especies de aves, entre ellas rapaces diurnas, como el águila real, el halcón abejero, el halcón peregrino, el ratonero común, el cernícalo vulgar y el búho real, junto a pájaros como el alcaudón dorsirrojo, el escribano cerillo, el pechiazul, la perdiz, el camachuelo común, el petirrojo, el arrendajo, la abubilla, etc.

La caza y la pesca son una importante fuente de riqueza en las comarcas de Sanabria y Carballeda. Además de la reserva Regional de Caza de la Sierra de la Culebra existen gran cantidad de cotos. La Junta de Castilla y León pone a disposición de cazadores y pescadores toda la información necesaria sobre cotos, licencias, normativa, etc. en su página web.

Uno de los acontecimientos asombrosos que tiene esta comarca es la berrea, que a mediados de septiembre comienza la época de apareamiento del ciervo hasta mediados de octubre. Los machos dominantes avisan de posibles competidores de cuál es su territorio y les hacen notar, por el volumen de voz, su tamaño y determinación. Su objetivo es proteger a las hembras de su harén, a las que vigilan para saber cuándo están en celo, de sus posibles competidores. Este autentico espectáculo sonoro se conoce como berrea.