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Un rabelista en el «oasis del folclore tradicional» de Zamora

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«Desde pequeño siempre he visto en casa el rabel». David Pérez Gómez es el último de «Los Mariquitos», una saga de rabelistas y depositarios de la tradición oral del valle de Polaciones, cuna de afamados tañedores como su tatarabuelo, el tío Eloy Gómez, que enseñó a tocar el rabel a sus hijos, y su mujer la tía Mariquita, informante de importantes folcloristas de la época.

Semejante escuela explica la pasión de David por la cultura popular y su contribución a través de un fecundo trabajo de investigación y divulgación que nace en su Cantabria natal, la tierra del rabel por excelencia, y llega hasta «el oasis del folclore tradicional» en Zamora. «En esta provincia he descubierto un repertorio precioso y muy rico, que se ajusta a la tímbrica y al sonido del rabel de una forma muy bonita. ¡Me encanta!».

David es uno de los profesores del proyecto nacido en el año 2020 en Villadepera, donde un puñado de alumnos aprenden a tocar el rabel en la apuesta más importante por el renacimiento de este instrumento en la provincia de Zamora.

La disposición y el entusiasmo mostrado por el músico «desde el primer momento» permanece intacto cuatro años después. Y esa es la razón de que Soco Corcho, inspiradora del aula de Villadepera, y el resto de alumnos, tributen a David el homenaje anual con la entrega de un pequeño trofeo donado por FraguArt. Será el 8 de junio a las 19.00 horas en el Museo de Arte Sacro del pueblo sayagués

En realidad la vinculación del rabelista cántabro nace en 2016, cuando impartió un taller de rabel en el Museo Etnográfico. «De allí salimos un grupo de gente muy interesada en aprender a tocar y desde el primer momento David se mostró receptivo» explica Soco Corcho sobre el reconocimiento a un músico que siempre ha demostrado «cariño, respeto y gratitud por todo el trabajo que estamos realizando en Villadepera».

David Pérez construye un rabel en su taller de Cantabria / Cedida

El taller era una oportunidad para sacar de la UVI un instrumento que tuvo en Porto de Sanabria –por la vinculación a la cultura pastoril– a los últimos rabelistas y por el que también han luchado músicos como Alberto Jambrina o el Consorcio de Fomento Musical de Zamora. Pese a estos gestos, el rabel seguía teniendo una presencia muy residual. Para un rabelista de raza y linaje, el proyecto de Villadepera era una manera de sacar el instrumento del rincón del olvido. «Vengo de una tierra donde el rabel goza de buena salud porque afortunadamente no ha habido un corte generacional como ha podido ocurrir en Zamora. Tengo el privilegio de que cuando empecé a tocar conocí a muchos tañedores antiguos» cuenta el David también luthier, con un taller donde, además de tocar e investigar, se dedica a construir rabeles.

«Llegué a Zamora con mi bagaje cultural y las canciones de mi tierra, pero he ido descubriendo el repertorio tradicional zamorano que es impresionante y en el taller hemos amoldado muchos temas al instrumento» explica sobre las clases en Villadepera.

David Pérez destaca la versatilidad del rabel para tocar canciones, romances y bailes «que se amoldan perfectamente al instrumento actual, que es diferente al tradicional. Los tiempos cambian y lo mismo que a la dulzaina se le pusieron las llaves, al rabel se le pueden introducir mejoras para amoldarse a la nueva realidad».

Es la diferencia con los rabeles tradicionales. «Ya solo el hecho de que la tapa sea de piel cambia bastante porque cuando el instrumento sufre con los cambios de temperatura, es más difícil de afinar y de mantener encima de un escenario. En cambio, un rabel de los actuales ya es un instrumento que puedes llevar a un escenario y hacer un concierto en condiciones. Todo evoluciona y si no fuera por las adaptaciones, el rabel seguiría siendo residual. Lo interesante es no perder lo original, lo tradicional y a la vez avanzar, buscar ese equilibrio» explica este músico de contrastada trayectoria rabelista.

Y es así como Zamora asiste al despertar de esta icónica pieza de cuerda, gracias a un grupo de devotos, maestros y alumnos, empeñados en poner en valor «un instrumento que estaba casi en el olvido y puede tener perfectamente presencia en el folclore zamorano» defiende David Pérez Gómez.

Y en un lugar tan pertinente como Zamora, donde la música tradicional goza de «muy buena salud» opina el rabelista. «Zamora es un oasis del folclore. Cuando empecé a conocerlo más a fondo (está casado con una zamorana también del mundillo), aluciné. Aquí veo un respeto y reconocimiento tremendo por el patrimonio, porque más allá de la música o la estética, el folclore es un patrimonio de gran valor».

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Url Noticia: https://www.laopiniondezamora.es/comarcas/2024/05/30/rabelista-oasis-folclore-tradicional-103079624.html
Fuente: www.laopiniondezamora.es